Aunque se tardó un poco en hacerlo,
Federico Rangel por fin se subió al
barco y lo nombran coordinador de campaña del primer distrito federal
electoral.
Después del cónclave donde fue nombrado Ignacio Peralta como candidato a
gobernador. al profesor Federico se le veía poco, rehusaba dar opiniones a la
prensa.
Y aunque no dejó de trabajar inaugurando alguna calle repavimentada o
asistiendo algún evento público, sus actividades disminuyeron notablemente.
No
fue para menos, de los diez precandidatos fue el único que en verdad sintió que
la sopa se le cayó del plato a la boca; pues él era el bueno de Mario Anguiano,
además tenía detrás todo un ejército de seguidores y simpatizantes, maestros de
la sección 39 del SNTE, trabajadores de la Secretaria de Educación de la cuál
fue jefe y una cantidad considerable de gente que prácticamente lo consideraban
como candidato.
Todos los incondicionales de Fede, como le llaman ellos el
distinguido profesor, sufrieron un duro revés, pues no contaban con el poderío
del gobierno federal que estaba respaldando a Ignacio Peralta.
Terminaron
vapuleados y desilusionados.
No les quedó más que correr a esconderse como cucarachas, cuando se enciende la luz.
Fede,
quien fue el que sufrió el trancazo en carne propia, cayó en un bache de
desilu sión política.
En sus escasas apariciones públicas, ningún periodista se
atrevía a preguntarle sobre el terrible acontecimiento aquél, en que no había
sido nombrado candidato.
Fue una autentica Noche
Triste.
Alguien le aconsejó, alguien le dijo que ese no era el camino o quizás
la propia voz de su conciencia le habló al oído y le recomendó que se pusiera
las pilas: Fede, le dijo, si no te
alineas te vas a quedar sin nada, mira que estos chicos son buenos,
principal mente ese de los lentes, se le ve cara de buena onda; te pueden dar una diputación federal
plurinominal.
Y al ver que todos y todas
se le estaban adelantando, que todo mundo empezó a sumarse al chavo de los
lentes, el queridísimo profesor saltó de
la cama y le dijo a su distinguida esposa: “Desde mañana somos Nachistas…”
De pronto salió del hoyo en el que se encontraba y lo vimos muy
sonriente acompañando al candidato, su anterior rival.
Con el pulgar arriba que
en este caso no es símbolo de la aprobación, sino de un resignado “me jodiste”
Ante el malogrado proyecto del actual gobernador de llevarlo a la silla
grande, no le quedaba de otra.
Esa es la clásica escuela del PRI, la de comer caca y no hacer gestos, la de servir de tapete para que otro pase;
pero sobre todo, la de aceptar las decisiones de los que están más arriba.
Por
eso gana el PRI en Colima, porque entre ellos no se desgastan, evitan
golpearse, porque al final de cuentas terminan aceptando el hueso que les
toque, cualquier cosa es mejor que nada.
Cosa contraria pasa con los demás partidos políticos en los que se
libran verdaderas peleas de perros.
Forman grupúsculos intestinos que terminan
deteriorando la imagen de sus institucio nes.
Lo vemos en el PAN pero con más
frecuencia en el PRD. Esto merma sus fuerzas y terminan perdiendo votos.
Es verdad que la oposición ha ganado
algunos puestos importantes, y seguirán así ganado algunos premios de
consolación.
Una alcaldía por allá, una diputación por acá.
Se ganó la
presidencia en el 2000 y durante 12 años nos gobernó el PAN, pero se colmaron
de poder y comenzaron a resquebrajarse, mientras el PRI se organizó, se “renovó”
y volvió con más fuerza a desbancarlos de la máxima presea.
En plena campaña electoral vemos que la oposición no levanta.
Se les ve
opacados a Locho y a Jorge Luis; ni que decir de la chica del PRD, no la apoyan
sus correligionarios, parece que el grueso de los militantes no estuviera de
acuerdo con su postulación.
Los demás, desgraciadamente, son poco conocidos,
también se les ve solitarios con sus banderitas tratando de convencer.
No hay una oposición real, hasta el momento, que pueda enfrentar al
poderoso PRI
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